¡Hasta alas se les mira a los hermanos!

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De interés para recién convertidos.
"¡Qué bello es estar en la iglesia adorando a Dios junto a los hermanos(as)!, ahí todo el ambiente es armonioso, sublime, ...angelical"

Seguramente los que hemos experimentado las delicias de la regeneración o nuevo nacimiento, no me dejarán mentir que, mientras estamos congregados adorando y exaltando el nombre Del Señor, pareciera que estamos en el mismo cielo, donde todo es un ambiente de paz, respeto y amor; y hasta pareciera que no hay otro lugar que se compare en este mundo, y en efecto así es, no hay otro lugar que se iguale. Más específicamente cuando recién llegamos a la conversión, a los caminos de nuestro Salvador, y que estamos viviendo el fuego del primer amor.

Cuando adoramos, nos transportamos de este mundo olvidando deudas, rechazos, desprecios, tristezas, angustias y enfermedades. Ahí todo es... ¡Lo máximo!... ¡Incomparable!... ¡Indescriptible!... ¡Color de rosa! Sentimos que todo es un escape de este mundo cruel, nos sentimos confiados en los brazos de nuestro amado Señor; sentimos sus caricias.

Durante los primeros meses que suceden a la conversión genuina, todo es una sed por estar en la iglesia  y escuchar Palabra de Dios, cantar cánticos de adoración. Esperamos con ansias a aquel hermano o hermana que nos llegará a recordar: "Hermano(a) ya casi es hora de irnos para la iglesia, y un espontáneo: "Amén hermano(a), ya estamos listos(as)! ¡Gloria a Dios!, ya vamos..."

Nada se compara a estar adorando al Todopoderoso en la iglesia juntos, sabiendo que El Eterno está derramando bendición sobre su pueblo (Salmo 133); y sobre todo, cuando nuestra vida pasada estuvo marcada por la ausencia de afecto, compresión, cariño y esperanza; sabemos que hoy podemos venir confiadamente al trono de Dios, y refugiarnos en sus brazos de amor (Hebreos 4:16), recibir de Él ricas y abundantes bendiciones y sin reproche; pues en Cristo somos nuevas criaturas, todo lo que estaba en contra nuestra en los libros de Dios ha sido borrado por la Sangre de Cristo, somos nuevos en Cristo (2ªCo.5:17). En Cristo tenemos una esperanza que nunca se marchitará reservada en los cielos (1ª Pedro 1:4)

Pero, también debemos aceptar la otra cara de la moneda; si bien es cierto que las rosas son lindas, no debemos olvidar que éstas tienen espinas, y a menudo nos herimos en ellas al tratar de acariciarlas.

En la medida que pasan los días, y nos vamos encontrando en el diario vivir con hermanos de adoración y de servicio en la obra de Dios; iremos descubriendo que aún los servidores están llenos de errores y defectos; descubriremos que, a pesar de ser nuevas criaturas en Cristo, queda en ellos la vieja naturaleza pecaminosa, contra la cual, todo cristiano tenemos una lucha constante, y debemos vencerla por medio de una vida llena del Espíritu, lo cual se nos exhorta en las diferentes cartas apostólicas (Efesios 5:18)

Descubriremos en el hermano, que en el local de la iglesia nos saluda amorosamente, que en su vida cotidiana probablemente no es tan cariñoso como lo es en la iglesia. Pero eso no le quita que sea un hijo de Dios, pues no debemos olvidar que aún no hemos sido glorificados, por tanto, aún no hemos alcanzado la perfección, apesar de ello, hay un mundo que nos espera, y debemos enfrentarnos a las presiones de la vida.

"Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto." Proverbios 4:18

Somos la mina, dentro de la cual se encuentra el diamante valioso para el joyero, pero que a simple vista no se ve, hay que encontrarlo y darle forma; ese joyero es Dios, y Él se encargará de moldearnos por medio de las pruebas y dificultades que nos vendrán en la vida.

La vida del creyente está llena de emociones y experiencias sobrenaturales, de dones espirituales y milagros sobrenaturales; pero sólo crecemos por medio de las pruebas que nos vienen en medio de los problemas.

Para madurar, no hay que sentarse a criticar a los demás hermanos por sus errores y defectos; sino meditar y decir, francamente me debo cuidar para no cometer este error.

Y para corregir, no debemos sacar la espada, sino como dice la Escritura, debemos hacerlo con amor y mucho cuidado: "Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado." Gálatas 6:1

De la misma manera, debemos considerar que Dios nos escogió por misericordia, por tanto, no debemos ser arrogantes con nuestro hermano sólo porque nos consideramos mejores o más espirituales, pues la Biblia dice:

"Pero Dios escogió lo insensato del mundo para avergonzar a los sabios, y escogió lo débil del mundo para avergonzar a los poderosos. También escogió Dios lo más bajo y despreciado, y lo que no es nada, para anular lo que es, a fin de que en su presencia nadie pueda jactarse." 1 Co.1:27-29 NVI

Para concluir: Seamos misericordiosos unos con otros, pacientes y comprensivos, soportándonos y perdonándonos unos a otros así como Cristo lo hizo, pasando por alto las ofensas entre hermanos como dice La Palabra de Dios en Colosenses 3:13: "soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros."; experimentarnos en bondad, hacer justicia y gozarnos en El Señor dando para su obra. Dando es como se experimenta el desapego, hay misterio en dar, un misterio que nadie ha podido explicar, pero que sí podemos entender por medio de La Palabra de Dios.

Rercordemos que Dios se alegra de los generosos, acá otro pasaje bello y precioso que es promesa:

"El alma generosa será prosperada;
Y el que saciare, él también será saciado." Proverbios 11:25

Así que... ¡Adelante hermanos!, todos tenemos defectos, pero en Cristo Jesús vamos superándolos poco a poco y siendo cada día mejores.

¡Gloria a Dios!
¡Que Dios les bendiga!
http://stanleygomez.blogspot.com

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