Unas palabras a la fidelidad

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Querido(a)s amigo(a)s y hermano(a)s en Cristo Jesús:

Los tiempos son finales y Satanás y su ejército de demonios andan sueltos buscando a quien devorar, y por ser espíritus, sus ataques son invisibles, sutiles, estratégicos y persistentes; también llevan poder para derribarnos si no estamos bien parados en La Roca Firme que es Cristo.

Los creyentes como Pueblo de Dios, como Novia de Cristo, como Prometida del Cordero que somos, debemos mantener nuestras vestiduras blancas; es decir, sin pecar y aguardando la promesa de Su venida. Satanás lo sabe, y por eso no descansa día y noche buscando derribarnos, atacándonos con sutilezas, que son las que más daño nos causan.

No hemos sido glorificados aún, por tanto, seguimos en este cuerpo corruptible y en un mundo lleno de maldad, el cual influye en nuestras vidas si no andamos listos.

Pero, para poder mantenernos firmes y fieles al Señor, Él dejó la fórmula eficaz para poder resistir al diablo:
  1. Fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza (Ef. 6:10),
  2. Vestirnos con la armadura de Dios (Ef. 6:11),
  3. Nuestro enemigo está identificado: El diablo y sus demonios (Ef. 6:12),
  4. Tomad la armadura de Dios así venceremos, luego seguid firmes (Ef. 6:13),
  5. Amarrarnos la cintura con la verdad. (Ef. 6:14), y haciendo justicia lo cual es una coraza (Ef. 6:14),
  6. Como buen calzado que resiste los caminos ásperos, listos a predicar el evangelio de paz (Ef. 6:15),
  7. Confiando siempre en Dios, que es el escudo para no creerle al diablo sus mentiras (Ef. 6:16),
  8. La promesa de nuestra salvación como un casco protector (Ef. 6:17),
  9. La Biblia siempre a la mano, en nuestra mente y nuestro corazón, que es La Espada del Espíritu de Dios para combatir al diablo (Ef. 6:17),
  10. Oración ferviente todo el tiempo, suplicando, no exigiendo; por los hermanos y los que hacen la obra de Dios (Ef. 6:18)
Si asistes a una iglesia, te consideras cristiano(a) y hasta tienes privilegios, sólo asegúrate desde lo más profundo de tu corazón haber nacido de nuevo. Si no estás seguro(a) de ello, estás en peligro de eterna condenación, y debes ser sincero(a) y honesto(a) contigo primeramente, y con Dios en tu confesión de fe.

Ora al Padre y pídele ayuda, entrégale tu vida a Jesucristo sinceramente si no los has hecho; despójate de todo privilegio y toda religiosidad con sinceridad y sencillez de corazón. Dios no desprecia al corazón contrito y humillado (Salmo 51:17).

Que Dios te bendiga!

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