Cuidemos la bendición del matrimonio.

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Cuidemos la bendición del matrimonio. Una ilustración de una boda feliz en caricatura El Árbol Verde.
Desde el primer día que conocí a mi esposa Daysi, la única, me enamoré de ella; y hoy me considero un esposo feliz en el mundo, como también los hay entre mis amigos, y mis hijos le ponen la cereza al pastel; aunque algunas veces tengo que ponerme serio con ellos.

A mis 10 años de edad intenté aprender la catequesis en la iglesia católica, pero me di cuenta que era malo para memorizar el credo y las demás doctrinas. Así que, desde la época en que estalló la guerra civil en El Salvador (Años 80's), crecí al abrigo de una iglesita de Las Asambleas de Dios cerca de mi casa. Por lo que aprendí a orar, y a temer a Dios en pureza y sencillez.

Siendo soltero, durante aproximadamente 15 años oré a Dios con el alma, para que a su tiempo me proveyera una esposa para toda la vida. Nunca pedí color de piel, estatura, apariencia física o estatus social; sino, la que Él estimara conveniente para mí conforme al anhelo de mi corazón. Que pudiera procrear hijos junto a ella, y que me concediera nunca dejar hijos regados, para así no arruinar la vida a ninguna señorita.

Aunque no siempre fui un santo, pues por el trabajo y estudio dejé de congregarme, a su tiempo (casi 15 años después) Dios me concedió esa petición.

Ya casado, descubrí que también ella oraba como yo a temprana edad; pedía un esposo según el corazón de Dios, y también se congregaba en una iglesia de Las Asambleas de Dios cerca de su casa.

Por eso puedo dar testimonio que Dios es fiel, y que en ocasiones tarda, pero siempre responde; a su tiempo, cuando Él considera que es el mejor momento en que podemos hacer aprecio y buen uso de la bendición; entonces, da la orden.

He pedido a Dios que me ayude a ser fiel a mi esposa hasta la muerte, aunque las tentaciones están por doquier, El Señor siempre me ayuda, y también me cuido, pues no ando de cacería. Sé que eso agrada al Señor y por ello también nos bendice.

Para mí el matrimonio es algo hermoso y que debemos cuidar los casados, y los solteros deben poner atención si un día piensan casarse, porque no es un juego, es algo de vida o muerte.

A menudo nos recordamos con mi esposa que, hasta que uno de los dos muera, el otro tiene autorización de parte de Dios para volverse a casar. El divorcio no es tema de conversación entre nosotros, porque tampoco es un tema que agrada a Dios, y esperamos seguir así siempre, esforzándonos por amarnos y tratar de llegar siempre a acuerdos, pues así lo estableció El Señor.

Lo más importante del matrimonio no es la pompa en el día de la boda, los lujos, el tipo de local ni la decoración del mismo; no es la calidad de los anillos, ni de la ropa que llevamos puesta en el día en que nos casamos. Tampoco los lujos y comodidad que tendremos ya casados. Lo más importante es el amor, y el concepto que tengamos del matrimonio.

Pues, si como cristianos sabemos que fue instituido por El Señor, también debemos saber, que cuando nos casamos ambos nos fundimos en uno. Por tanto, siendo templos del Espíritu Santo, no debemos contaminarlo haciendo de él un triángulo de amor, lo cual ante los ojos de Dios es una abominación.

Por esta razón, me causa tristeza ver cómo "algunas" personas que tenemos por hombres de Dios (líderes de iglesias evangélicas) puedan tener en poco el matrimonio al ser infieles a su esposa, provocar el divorcio para volver a casarse, y subir al púlpito a predicar como si nada hubiesen hecho. Peor aún, al día que escribo esta nota, existen pastores que, siendo casados, mientras ejercen su ministerio enamoran a otras hermanas, y hasta tienen relaciones sexuales con toda la que se deja seducir. Y lamentablemente muchos sólo muestran "arrepentimiento" cuando son descubiertos por alguien que los denunció.

Algo está pasando, esto no es normal y pareciera que se está volviendo pandemia; pues, es común hoy en día encontrarse con situaciones de este tipo en las iglesias. Si ocurre con los pastores ¿cómo andará el rebaño?

No digo que sea cosa del otro mundo ver a un siervo de Dios cometer pecados graves como este, pues hasta Elías era hombre sujeto a pasiones (Stg 5:17) pero no por eso dio rienda suelta a sus deseos pecaminosos. En La Biblia hay muchos casos registrados de hombres de fe que también los cometieron, pero los que en verdad eran siervos de Dios, todos se volvieron a Dios en arrepentimiento genuino.

Esto dice La Palabra respecto de los que sirven ¿y por qué no para todos los cristianos?:

    «Pero es necesario que el obispo (pastor) sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.

    También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.» 1 Ti 3:2-7

De mi parte, no creo que sea saludable congregarse, donde el pastor no respeta lo que Dios mismo ha establecido como lineamientos en Su Palabra: La Biblia.

    «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?

    Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis.» Mt 7:15-20

¡Que El Señor nos ayude a todos!

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