La primera guerra en el cielo (la rebelión de Lucifer, el origen de Satanás) - (Documental en audio)

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La primera guerra en el cielo, la rebelión de Lucifer

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En este documental, usted conocerá el origen de la maldad en el universo y el mundo; por qué Dios tuvo que planear un rescate en favor de la humanidad. Aunque trágica, también es una increíblemente tierna historia de amor, que va desde el principio de los tiempos tocándonos personalmente a usted, a mí, y a cada uno de los individuos de la tierra.

Después de leer, escuchar o ver este reportaje, su panorama se ampliará acerca del plan de salvación de Dios. Le ayudará a comprender mejor, el eterno amor de Dios para con nosotros.


Virtualmente todos en la tierra, sin considerar su religión o nacionalidad, reconocen que existe alguna especie de batalla ocurriendo en el mundo, entre las fuerzas del bien y del mal; una lucha colosal entre la luz y las tinieblas, la verdad y el error, la opresión y la libertad, lo bueno y lo malo; y finalmente, la vida y la muerte.

¿Cuál es la historia entre esta paradoja evidente?

Muchas religiones así como la biblia, enseñan que tras el velo tridimensional del mundo físico que vemos, existe otro mundo espiritual que no podemos ver.

En esta realidad invisible a nuestro alrededor, entre el héroe Supremo y Justo, contra el villano más atroz y maligno, la gran pregunta es: ¿Quienes son esos contendientes, y... cómo, dónde y cuándo comenzó esta crisis cósmica? Este es el misterio más grande de todas las edades, y la historia más fascinante y verdadera que jamás haya sido contada. Esta crisis, envuelve a cada persona sobre la tierra, sí, ¡a cada persona!...

La historia humana ha estado llena de escenas de guerra, y todas las personas han experimentado conflictos. Pero para entender el origen del mal, debemos viajar al pasado, a la primera guerra en el universo; porque esta guerra no ocurrió en la tierra. Antes de que nuestro mundo existiera, hubo una guerra en el cielo; hasta las palabras "guerra en el cielo" suenan como la última paradoja. Es casi inimaginable para todos, que pudiera haber batallas y conflictos entre las creaciones perfectas de Dios en el paraíso.

¿Qué pudo haber causado este conflicto celestial?

Por fortuna, un libro antiguo llamado la Biblia, nos da suficientes detalles para poder atar los asombros cabos. Aunque trágica, también es una increíblemente tierna historia de amor, que va desde el principio de los tiempos tocándonos personalmente a usted, a mí, y a cada uno de los individuos de la tierra.

Nuestra historia comienza hace tiempo, en la misma capital del universo; en un lugar llamado cielo, que estaba lleno de seres angelicales que amaban hacer la voluntad de Dios.

Bajo el Justo y amoroso gobierno del Creador, todo el cielo disfrutaba de una existencia de felicidad y dicha perfecta. El príncipe supremo del cielo y Comandante de los ángeles, era el Todopoderoso y Amoroso Hijo de Dios; mejor conocido con el nombre que tomó cuando vino a la tierra: Jesús. Él era uno en propósito y mente con Dios El Padre.

El cielo, bajo el mandato compasivo del Padre, Hijo y Espíritu Santo, probó ser un maravilloso lugar de paz y alegría. Para llevar a cabo las órdenes de Dios, La Trinidad estaba rodeada de un océano virtual de innumerables espíritus ministradores, llamados Serafines y Querubines, o mejor conocidos como ángeles.

Estas poderosas e inteligentes criaturas, descubrieron su mayor alegría al cumplir las órdenes del Todopoderoso. Pero Dios creó un extraordinario angel para servir como líder de la multitud celestial entera. La Biblia nos dice que su nombre era Lucifer, que significa "portador de luz". Este querubín fue el más grande ser creado por Dios, y tenía la posición más cercana al trono de Dios, y estaba directamente bajo la autoridad de Jesús.

El trabajo de Lucifer era comunicar la luz y el conocimiento de la voluntad de Dios, a todos los otros ángeles. Lucifer fue el ser más espléndido creado por Dios; era cautivamente hermoso, y dotado con poderes asombrosos de liderazgo y organización. Entre los ángeles, él fue muy admirado, respetado y amado como amigo; aunque Dios, previó la miseria que estaba a punto de ser introducida por Lucifer al reino de la luz.

«...lleno de sabiduría, y acabado de hermosura.

...de toda piedra preciosa era tu vestidura;...

Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas.

Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad.» Ez 28.12-15

Cuando Lucifer pudo darse cuenta de su belleza y poder, su corazón comenzó a cambiar gradualmente; permitió que su enfoque se alejara de Dios, y dirigió su amor hacia él mismo. Tal vez nunca entenderemos el cómo y el porqué estas semillas de rebelión, germinaron en su corazón; pero el profeta Isaías nos da una visión del pensamiento de Lucifer:

«¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones.

Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, [...]; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo.» Is 14.12-14.

Lucifer gradualmente comenzó a codiciar el poder de Dios, pero no su personalidad; al pensar en sus propias habilidades y belleza extraordinarias, los cancerosos tentáculos del orgullo y autoadmiración, cautivaron su mente. Este resentimiento y envidia, finalmente lo llevó a violar la sagrada Ley de Dios, y a rebelarse contra Su gobierno.

Necesitamos hacer una pausa y dejar algo en claro, desde el principio, Dios ordenó que las leyes de la física, gobernaran al mundo material en que vivimos; sin esas leyes naturales, el universo sería un caos. Del mismo modo, las leyes morales de Dios siempre han provisto seguridad y estabilidad al cosmos.


Algunos piensan, que los Diez Mandamientos no existieron, hasta que El Señor los entregó a través de Moisés en el Monte Sinaí; pero Las Escrituras nos enseñan que los principios de Las Leyes de Dios, han existido por toda la eternidad; pues son la base fundamental, de su paradisíaco reino de amor.

«...Fieles son todos sus mandamientos,
Afirmados eternamente y para siempre,
Hechos en verdad y en rectitud.» Sal 111.7-8

Los Diez Mandamientos, son un resumen de las características de un Dios de Amor; los primeros cuatro mandamientos describen quién es Dios, Su Poder, Su territorio y Autoridad; los últimos seis, describen cómo es Dios, Su Honestidad, Su Pureza, Su fe; todas estas cosas, siempre han sido verdad, y siempre serán verdad. Ahora, por primera vez en la historia de la eternidad, Lucifer comenzó a violar estos principios perfectos.

Lucifer sabía que si iba a compartir el poder y estatus de Dios, necesitaría apoyo; así que se puso a trabajar. Comenzó tortuosamente a circular entre los ángeles plantando semillas de duda y descontento, con respecto al liderazgo de Dios; al mismo tiempo, sutilmente hacía notar sus propias virtudes.

Él insinuó que Dios abusaba de Su poder divino, y sus leyes restringían la verdadera libertad y felicidad de Sus criaturas. Con su razonamiento audaz, y poder sin igual de influir, Lucifer pudo persuadir a un gran número de ángeles, de unirse a su motín.

Tal vez se pregunten: ¿Cómo es que tantos ángeles inteligentes pudieron ser ambaucados para seguir a este desertor? Tengan en cuenta, que hasta este punto ningún angel había escuchado una mentira; y en esta temprana etapa de la rebelión, los ángeles no se dieron cuenta de cuán obsesionado se volvería Lucifer en adquirir la posición de Dios. No sabían que finalmente, planearía la tortura y asesinato del Hijo de Dios en la cruz, en un intento por subir a Su trono.

Extrañamente, Lucifer pensó que podía ocultar sus verdaderos propósitos de Dios.

«¡Ay de los que se esconden de Jehová, encubriendo el consejo, y sus obras están en tinieblas, y dicen: ¿Quién nos ve, y quién nos conoce?!» Is. 29.15.

No crean por un momento, que la rebelión de Lucifer, tomó a Dios por sorpresa o desprevenido; El Señor sabe todas las cosas, incluyendo los pensamientos de Sus criaturas; Él entendía exactamente lo que estaba pasando por la mente de Lucifer, y en amorosa piedad, Dios advirtió al descarriado angel del peligro; pero al final, el orgullo y amor propio, no le permitieron a Lucifer arrepentirse. Así que eligió la rebelión total contra Dios, en vez de la humilde obediencia.

Algunos se han preguntado: ¿Esto significa que Dios creó a un angel defectuoso? No, pero Él creó a Lucifer con la libertad de elección. Verán, la libertad de elección es una cosa maravillosa, pero lleva consigo un increíble riesgo, incluyendo el riesgo de la rebelión, y la posibilidad, de que el amor de Dios pueda ser rechazado. El amor real no puede venir de una criatura preprogramada, no puede ser forzado; debe ser voluntariamente dado. Por ejemplo, aun siendo tan lindo como lo es este perro robot, en realidad nunca podrá amarme; puede hacer que parezca que me ama, pero solo está siguiendo instrucciones preprogramadas, no tiene opción. Y por otro lado, este pequeñito, está verdaderamente feliz de verme, él ha decidido darme su afecto; y con el tiempo, nuestra relación crecerá y se hará más fuerte, mientras lo ame y lo cuide.

Del mismo modo, un Dios de amor solo quiere amor genuino, de Sus inteligentes criaturas; y para que eso pase, éstas deben tener la libertad de elección. La rebelión de Lucifer es la más grande evidencia, de que en verdad tenía esa libertad.

Y ahora, la pregunta más grande era: ¿Cómo respondería Dios a esta crisis, cómo lidiaría con Lucifer, y los millones de ángeles que se unieron a su rebelión?

Muchos se preguntan: ¿Por qué Dios no destruyó inmediatamente la rebelión? después de todo, Él pudo fácilmente vaporizar a Lucifer con mandarle un rayo. ¿Pero eso en realidad habría resuelto el problema? No, al contrario; eso solo habría intensificado las dudas y sospechas, que Lucifer ya había plantado en las mentes de los ángeles.

Recuerden, Lucifer sabía, como nadie más podía saber, el manejo interno del gobierno de Dios; su destrucción, se habría visto como parte de un gran encubrimiento, y la razón que motivara el servir a Dios, hubiera sido el miedo a las represalias y no el amor. No, El Señor sabía en Su sabiduría, que la mejor forma de enfrentar la crisis, era permitiendo que siguiera su curso; esa sería la única forma en que se aseguraría de que el mal, no se levantara otra vez.

«Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.» Mt 13.30.

En la parábola del trigo y la cizaña, Jesús describe, que un tiempo de crecimiento es necesario para que una planta revele su naturaleza. En su entendimiento infinito, Dios sabía, que con el tiempo el carácter real de Lucifer sería expuesto; y que los amargos frutos de su rebelión se volverían visibles a todos; hasta ahora los ciudadanos del universo, no estaban familiarizados con el pecado, y a dónde los llevaría; pero eso cambiaría cuando ellos vieran por sí mismos, su terrible naturaleza autodestructiva. Al final, la sabiduría y amor del gobierno de Dios, se mantendría por siempre confirmado, y el universo estaría seguro.

Cuando Lucifer y sus seguidores llevaron su rebelión abiertamente, el Señor supo que no habría paz si se les permitía quedarse en el cielo. Debía ponerse un límite, tomar acción, y desalojar a los rebeldes. Pero Lucifer y sus seguidores nunca se irían por su propia voluntad o pacíficamente, el siguiente, paso era la guerra.

«Después hubo una guerra en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo.

Y fue lanzado el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él.» Ap 12.7-

La Biblia no nos revela exactamente, qué armas se usaron, o cuánto duró este conflicto cósmico. Pero esta guerra fue como ninguna que los ojos mortales hayan visto jamás. Apocalipsis 12.4, nos dice que finalmente, Lucifer, y un tercio de los ángeles de Dios, fueron físicamente expulsados del cielo.

Pero, ¿qué venía después? Lucifer ahora tenía millones de ángeles de su lado, pero necesitaba un pedazo de suelo desde el cual continuar su rebelión. Pronto, demasiado pronto, el universo comenzó a entender lo doloroso y costoso, que el pecado podría llegar a ser. Y la guerra no había terminado, apenas comenzaba. Lucifer, el portador de luz, ahora se volvió Satanás, el Adversario.

Después de la guerra en el cielo, Satanás y sus ángeles caídos, fueron desterrados de la corte de la gloria. Por un tiempo el diablo, y sus demonios, vagaron por el universo, buscando inútilmente mundos que se compadecieran, y que se unieran a su rebelión. Mientras tanto, el corazón de Dios sentía intensamente el vacío que creó la pérdida de Lucifer y Sus ángeles; y El Padre, Hijo y Espíritu Santo, regresaron a su trabajo favorito: el maravilloso trabajo de la creación.

Decidieron hacer un mundo nuevo, lleno con una variedad de asombrosas y diversas criaturas de amor; este nuevo mundo, sería único, porque las criaturas principales serían hechas a la imagen de Dios. Para ellos, el Señor también les daría dominio de este nuevo planeta, que conocemos como tierra.

«En el principio creó Dios... la tierra,...» (Gn 1.1), «...y vio Dios todo cuanto había hecho; y era bueno, en gran manera...» (Gn 1.31)

¡Qué imagen tan asombrosa! Dios forma un nuevo mundo, nuestro planeta tierra; y con cada maravilloso día de la creación, algo nuevo y espectacular entraba a formar parte de la escena. Por ejemplo, en el tercer día Dios habló y vegetación hermosa y exhuberante saltó a la existencia; plantas de todos los colores, formas y tamaños. En el quinto día, el mundo estaba lleno con asombrosas, exóticas criaturas, que podían ya sea elevarse por los cielos, o deslizarse libremente por las aguas azules; y algunos podían hacer ambas cosas. El sexto día, dio la presentación de una variada y diversa multitud de animales terrestres; desde el gigante elefante, hasta la pequeña ardilla. Cada uno encontró un hogar en el nuevo planeta, y un lugar para vivir en armonía con el resto de la creación. Y también en el sexto día, Dios creó al hombre.

«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza... (Gn 1:26). Entonces Jehová formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida; y fué el hombre un ser viviente. Y Jehová, plantó un huerto en Edén al oriente, y puso allí al hombre que había formado. (Gn 2.7-8)».

¡Qué enorme honor ser creado a la semejanza de Dios! ser un individuo libre pensador y totalmente autónomo. Al principio, el hombre no notaba su desnudez, probablemente eso fue porque antes del pecado, él estaba vestido con gloria y luz.

Dios también creó la compañía ideal para Adán, su bella esposa, Eva.

La alegre pareja fue colocada en un magnífico jardín, perfectamente diseñado para aumentar su felicidad. A Adán, Eva y a las otras criaturas de la tierra, también les dieron el privilegio divino, de procrearse a su propia imagen. La intención de Dios fue que la raza humana, tuviera dominio sobre este paraíso perfecto para siempre. Eternamente felices y sanos, trabajarían con la flora del jardín de Dios, mientras disfrutaban del afecto y compañía de todas las criaturas bajo su cuidado.

El ambiente que nuestros primeros padres experimentaron, fue muy diferente al mundo de hoy; las rosas no tenían espinas, los insectos no mordían ni picaban; y los leones y ovejas jugueteaban juntos. Pero la bendición más grande era que los humanos, vivían en perfecta armonía con su Creador. Cada séptimo día Adán y Eva, descansaban de su placentera labor, y tenían una gozosa comunión con la visita de su Creador.

Era un mundo espléndido y maravilloso, y este estado de felicidad habría continuado por la eternidad, si nuestros primeros padres hubieran mostrado fidelidad con una simple prueba.

«Pero del árbol de conocimiento del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comas, ciertamente morirás.» Gn 2.17.

Puesto que el Adversario había contaminado el universo con su rebelión, el Señor vio la necesidad de una simple prueba de amor, y lealtad; ¿recuerdan? Los ángeles buenos vieron a un tercio de sus amigos ser expulsados del cielo durante la guerra. ¿Cómo podían estar seguros, que estos nuevos humanos no se unirían a Lucifer y causarían más problemas?

Así que el Señor plantó un árbol único en el jardín, un árbol cuyo fruto no debería ser comido sopena de muerte. Al pasar esa simple prueba de obediencia, Adán y Eva mostrarían su lealtad hacia Dios, y su fe en Su Palabra; aun más, era una prueba de amor. Por eso Jesús dijo en Juan 14:15 "Si me amáis, guardad mis mandamientos".

Pero alguien más supo de esta prueba de fe, y estaba determinado a usarla en su favor. Satanás estaba muy celoso de los humanos, quienes felices disfrutaban de la bendecida vida que él perdió. Su feliz existencia estaba en total contraste con la suya; la cual ahora estaba llena de culpa, pecado y miseria. En su resentimiento y enojo, no estaba dispuesto a dejar a la pareja en paz; pues el pecado siempre buscará arrastrar a otros consigo.

Así, un día en que Eva estaba concentrada en su placentero trabajo, se encontró sola, y peligrosamente cerca del árbol prohibido. Fue cuando Satanás vio su oportunidad; usando una serpiente hipnotizante como su medio, el angel caído llamó a Eva desde el árbol, y trató de entablar conversación.

Sus palabras encantadoras, fueron cuidadosamente calculadas para infundir desconfianza a Dios.

«Entonces la serpiente dijo a la mujer: No morireis, sino que Dios sabe que el día que comais de él, serán abiertos vuestros ojos y sereis como Dios, conocedores del bien y el mal.

Y vió la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dió también a su marido, el cual comió así como ella.» Gn 3.4-6.

Trágicamente, cuando Eva escuchó la suave y sedosa voz del tentador, comenzó a tener dudas sobre La Palabra de Dios. La serpiente, la engañó con la promesa de gran poder y sabiduría. Eso llamó su atención, después de todo, aparentemente el fruto le dio a la serpiente la habilidad de hablar; ¿qué otros poderes podría darle a ella? Y así, aunque apenas había conocido a la serpiente, ella confió en su palabra por encima de Dios, quien la creó y le proveyó un hogar paradisíaco.

Así que Eva comió del fruto prohibido; y pronto persuadió a su esposo de hacer lo mismo. Adán pudo haber elegido mantenerse leal a Dios; pero él puso su amor por su esposa sobre su amor por Dios. Cuando nuestros primeros padres le dieron su lealtad al enemigo, el dominio de la tierra fue reclamado por Satanás.

«¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis...» Ro 6.16.

«Nadie puede servir a dos señores...» Mt 6.24.

Este mundo sería el último campo de batalla, entre el bien y el mal; y el corazón de cada hombre y mujer fue el premio. Adán y Eva no se dieron cuenta en ese tiempo, pero su momento de desconfianza y desafío, abriría las compuertas del sufrimiento de millones de personas durante miles de años.

«Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.» Ro 5.12.

Nuestros primeros padres, pronto se enfrentaron, al terrible resultado de su pecado. En su estado santo, Adán y Eva resplandecían con túnicas de gloria; después de pecar, sus túnicas naturales de luz se desvanecieron, y se sintieron mortificados con la sensación de su desnudez. Vergüenza y temor reemplazaron su alegría y paz, y trataron de cubrir su desnudez con hojas.

Ahora también se encontraban bajo la constante influencia del diablo. Cediendo a la tentación, habían debilitado su naturaleza; y Satanás había ganado poder sobre la humanidad. Las personas no podían resistir a las tentaciones del diablo, con sus propia fuerza; por último, y lo más aterrador, se encontraban viviendo bajo la pena de muerte inminente. Dios les había advertido que la desobediencia traería la muerte; ya habían experimentado la muerte espiritual, ¿cuánto tiempo pasaría para que sufrieran la muerte física también? En ese punto su futuro no tenía nada más que oscuridad y desesperación.

«Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.» Gn 3.24.

Igual que el pecado provocó que los ángeles caídos, fueran expulsados de su hogar celestial, ahora por la desobediencia, Adán y Eva fueron sacados de su jardín, su hogar en el paraíso. Todo a su alrededor estaba cambiando rápidamente, y la humanidad se encontró susceptible a las penas, enfermedades, y finalmente a la muerte.

Hasta los animales y plantas estaban infectados por la terrible maldición. Las espinas y cardos ahora aparecían en árboles y flores; y los animales, que anteriormente eran gentiles, comenzaron a matarse y devorarse unos a otros. El peor resultado fue que el pecado, separó a la humanidad de Dios.

«...pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír.» Is 59.2.

En la creación, a Adán y Eva se les dio el honor de hablar con los ángeles, y hasta con el Hijo de Dios cara a cara; pero Dios es tan Puro y Santo, que ningún mal puede existir en Su Presencia. Ahora que los primeros humanos habían pecado, Dios alejó Su Santa presencia de ellos por su propia protección. El pecado había quemado una catarata en el alma del hombre, que ya no podía ver la dimensión espiritual. Desde ese momento en adelante la comunicación con el cielo sería limitada.

Conforme estas maldiciones cayeron sobre Adán y Eva, el corazón de Dios se llenó de tierna compasión. La Ley que habían roto no podía ser alterada para salvarlos; pues es tan sagrada e inmutable como Dios mismo. El Señor sabía que había sólo una forma en que el hombre podía ser redimido; así que un plan fue revelado, nacido desde el fondo del corazón de Dios; un plan para salvar al hombre de su cita con la muerte eterna, y restaurar todo lo que se había perdido con el pecado. Sería un asombroso intento en su intensidad, alcance y poder. Pero sería un plan que también implicaría un enorme sacrificio.

«En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.» 1 Jn 4.9-10.

Las Escrituras claramente enseñan en Romanos 6.23: "el costo del pecado es la muerte." La Ley rota demandaba la vida del pecador; y solo había uno en todo el universo que podía calificar, como substituto de la humanidad. El Creador sólo podía pagar la deuda de Sus criaturas, al tomar su lugar. Así, Jesucristo, el Hijo de Dios, por voluntad aceptó dejar la pureza, gloria y seguridad del cielo.

Él vendría a morir en el nombre del hombre en su malvado y renegado planeta; Él nacería como un inocente e indefenso bebé. Soportaría una vida de pena y vergüenza; y aun así, viviría una perfecta y victoriosa vida. Finalmente, Él tendría una muerte humillante para poder ser substituto de la humanidad caída. Por Su sacrificio, la humanidad asombrosamente recibiría una oportunidad más, de tener vida eterna. Su sangre proveería el rescate para el mundo, que había sido raptado por Satanás.

Este maravilloso plan de redención, fue gráficamente ilustrado en el sistema de sacrificios de animales, ordenado por Dios después de la caída del hombre. El Señor había advertido a Adán y Eva que morirían el día que comieran del fruto prohibido.

¿Y cómo fue que permanecieron vivos?

La Biblia nos dice, que inmediatamente después de su pecado, Dios les proveyó ropa en la forma de pieles animales. Es digno de notar, que Apocalipsis se refiere a Jesucristo como La Oveja, que fue muerto desde el principio del mundo.


Esto indica que una oveja, fue sacrificada el mismo día para prevenir sus muertes inmediatas. Por fe, en este sacrificio sus muertes fueron simbólicamente transferidas de ellos, a la criatura inocente. La oveja, por supuesto, era la representación de Jesús; y así, un rayo de esperanza fue provisto en una situación de aparente oscuridad y desesperación.

A través del arrepentimiento y la fe en la sangre del Mesías venidero, cualquier humano, podría ser una vez más, Hijo de Dios. Pero a pesar de este maravilloso plan, Satanás aún tenía dominio sobre la tierra; y la vida en este mundo, no sería fácil.

«En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.» Jn 16.33.

Naturalmente, muchos se preguntan: ¿cómo un Dios amoroso y poderoso, permite penas y sufrimiento en nuestro mundo actual? Pero está claro desde el Génesis, que Dios nunca quiso que conociéramos la pena, y tribulaciones de esta vida.

Cuando el mundo salió de La Mano de Dios, la tierra era un maravilloso paraíso; fue el pecado de Adán y Eva lo que le dio a Satanás el derecho a reclamar control de este planeta. Debido a su trágica elección, el diablo y sus acólitos ganaron el poder de tentar y atormentar a los humanos, infligiendo la enfermedad, el dolor y el sufrimiento.

Podría ser mejor preguntar: ¿Por qué Satanás tiene control total sobre la humanidad? La respuesta es: Jesucristo.

Tal vez ya se dieron cuenta, que la muerte de Jesús en la cruz, nos dio a cada uno de nosotros la oportunidad de ser salvados. Pero en realidad hizo mucho más que eso; cuando El Salvador ofreció Su vida para redimir a la tierra, ese acto ponía restricciones al control de Satanás sobre la humanidad. Satanás no podría forzar nuestra voluntad, y su poder de lastimarnos sería limitado.

El sacrificio de Cristo, también nos brindó un tiempo de prueba, durante el cual podríamos ver la diferencia, entre el gobierno de Dios, y el de Satanás; y luego decidir a quién serviríamos. Finalmente, por el sacrificio que hizo Jesús, el reino de Satanás llegará a su final; y un día la tierra, será devuelta al hombre, más maravillosa de lo que era al principio.

Aunque Adán y Eva comenzaron sus vidas como exiliados del paraíso, aún tenían esperanza. Dios les proveyó de pieles de animales sacrificados para cubrirse. Pero lo más importante, Él les prometió la Sangre del Cordero de Dios, para pagar por su pecado, si aceptaban a Cristo y se arrepentían.

Una gran pregunta permanece: ¿Las personas aceptarían el generoso regalo de Dios?

«¿cómo escaparemos..., si descuidamos una salvación tan grande?» Hb 2.3.

La asombrosa historia que acaban de escuchar, es verdad, y los afecta; pues por el deseo de Satanás de ser Dios, y la desconfianza y desobediencia de Adán y Eva, todos nos encontramos en una situación peligrosa. Por una parte, la humanidad ha sido grandemente favorecida por Dios con una segunda oportunidad de recuperar nuestro hogar del edén; por otra parte, si desistimos de aprovechar esta gran oportunidad, nos volveremos esclavos de Satanás; y finalmente seremos destruídos, cuando Dios limpie el universo del pecado.

Amigos, no hay mejor tiempo, para elegir a Jesús, que justo ahora. Ninguno de nosotros sabe cuánto más tendremos que vivir en esta tierra; nuestras vidas pueden terminar instantáneamente. Jesús ha mostrado gran interés en sus bienestar, y Su amor por ustedes lo llevó a proveernos, con un escape de la futura destrucción.

Él solo le pide que lo acepte, se arrepienta de sus pecados.

A través de Cristo pueden encontrar perdón, y recibir un nuevo corazón para volverse como Él en carácter. Las tristes noticias, son que Satanás se mueve en toda forma posible para evitar que acepten el regalo de la Salvación de Dios. Debido a la actividad de la vida, el amor al dinero, o alguna otra distracción fascinante, él trabaja para mantenerlos ocupados y alejados de lo que en realidad importa: Su salvación eterna.

Para que entienda, la realidad de la situación es que, si no elige a Jesús, por omisión, está eligiendo a Satanás.

Aunque la terrible elección de Adán y Eva, trajo muerte y miseria inauditas, usted tiene la oportunidad de tomar una mejor decisión. Dios le está ofreciendo una paz que satisface, el anhelo más profundo de su alma; y una alegría, que lo sacará de las tribulaciones de este mundo. El deseo que tiene el corazón de Dios, es que sea salvado, y esté con Él en el paraíso. Pero el único que puede mantenerlo fuera del cielo, es usted.

Imagine lo trágico que sería, si innecesariamente rechaza este precioso regalo. Usted puede elegir hoy, aceptar la salvación que Dios ha prometido. De hecho, en este mismo momento, puede aceptar la vida eterna a través de Jesucristo.

¿Puedo invitarlo a que me acompañe ahora mismo, en una simple oración, aceptando su maravillosa oferta? Por favor repita después de mí:

Querido Padre Celestial:

Vengo a Ti ahora, y humildemente pido tu perdón;
Señor, confieso que soy un pecador, y he violado Tu Santa Ley;
Entiendo que la pena por el pecado es la muerte;
Creo que Jesucristo sufrió y murió en la cruz, para tomar el castigo por todos mis pecados;
Creo que Jesús resucitó de la muerte, y lo acepto como mi Salvador Personal;
A partir de este momento en adelante, te doy mi corazón, y confío en que Tu serás el Señor de mi vida;
Por favor perdona todos mis pecados, y envía a Tu Espíritu a ayudarme a hacer Tu Voluntad;
Te agradezco por Tu gran amor, y acepto Tu regalo de vida eterna;
Y yo oro por estas cosas en Nombre de Jesús. Amén.


¡Que Dios te bendiga!
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