Junto a millones de ángeles.

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Cuando alabe y adore al Señor, sea orando o cantando, hágalo con todo su corazón y reverencia; pues en ese preciso instante, su voz se está uniendo a una gran multitud de ángeles que lo adoran día y noche sin descansar ante Su presencia.

Lea este pasaje bíblico y medítelo:

«En cambio, ustedes han llegado al monte Sión, a la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, y a incontables miles de ángeles que se han reunido llenos de gozo.» Hebreos 12.22.

Así que ya sabe. Al orar y adorar, La Iglesia se une a los ángeles que adoran a Dios en el cielo, los cuales son miles y millones.

Léalo en contexto aquí:

→ Ustedes no se han acercado a una montaña que se pueda tocar, a un lugar que arde en llamas, un lugar de oscuridad y tinieblas, rodeado por un torbellino, como les sucedió a los israelitas cuando llegaron al monte Sinaí.

Ellos oyeron un imponente toque de trompeta y una voz tan temible que le suplicaron a Dios que dejara de hablar.

Retrocedieron tambaleándose bajo el mandato de Dios: «Si tan sólo un animal toca la montaña, deberá morir apedreado».

Incluso Moisés se asustó tanto de lo que vio, que dijo: «Estoy temblando de miedo».

→ En cambio, ustedes han llegado al monte Sión, a la ciudad del Dios viviente, a la Jerusalén celestial, y a incontables miles de ángeles que se han reunido llenos de gozo.

Ustedes han llegado a la congregación de los primogénitos de Dios, cuyos nombres están escritos en el cielo. Ustedes han llegado a Dios mismo, quien es el juez sobre todas las cosas. Ustedes han llegado a los espíritus de los justos, que están en el cielo y que ya han sido perfeccionados.

Ustedes han llegado a Jesús, el mediador del nuevo pacto entre Dios y la gente, y también a la sangre rociada, que habla de perdón en lugar de clamar por venganza como la sangre de Abel.

Hebreos 12:18-24.

Dios le bendiga.

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